martes, 17 de junio de 2008

Campo vs. Ciudad

Banda de parásitos, si creéis que os vamos a alimentar por no hacer nada. No tenéis más que venir a ganaros el pan con el sudor de vuestras frentes lisas, dijeron los campesinos, colgados de las carretas que llegaron vacías a la plaza del mercado.
Sobrevino uno de los períodos confusos. Una economía de trueque intentó por un momento introducirse subrepticiamente en la economía de gratuidad: ciudadanos iban a los campos con objetos de ellos presumiblemente deseables por los paisanos... Estos se hartaron rápidamente de las vasijas, redarguyeron: los ciudadanos volvían con un canasto de huevos frescos, que al llegar empezaban correr diciendo pío. Se veían cargados de coles subidas. El huerto urbano se multiplicó, como asi también la pequeña crianza de animales: un infierno de gallos agujereaba el alba ciudadanas, vacas erráticas vagaban por las calles depositado en ellas un precioso abono, sobre el cual se abalanzaban los vecinos. Volvieron a aparecer los pícaros y se recibieron bastonazos. En pocas palabras: el caos. Hubo tierras que se convirtieron en baldíos, en particular las del rey súbitamente privadas de prestaciones; fue entonces cuando Eremetus advirtió que tenía, además del país entero, tierras de su propiedad que se habían vuelto gratuitas, libres y de Dios sin que él se diera cuenta, y además baldías. La Casa Real debió paliar esa desgracia con sus propias manos, y había que ver a Ezequias manejar la azada y al barón de Semiplano confortándose con una pala. ” ¿Quién se comió el fruto del Árbol para llegar a ese extremo?"Adagio, arrancando gramilla. Creyó estar muerto. Al borde de los campos del feudo los rústicos les daban ánimos tocando el laúd y representando el Misterio de los Aristócratas campestres. sigue leyendo

No hay comentarios:

ULTIMAS NOTICIAS - LA NACIÓN